Molinaseca

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MOLINASECA

El origen y la importancia de Molinaseca, está vinculado al Puente de los Peregrinos, una construcción de planta románica que se eleva sobre el río Meruelo. Ahí comienza el pueblo, cuya parte histórica concluye a los pies del viejo crucero de piedra, dos símbolos inequívocos de su tradición jacobea.

En la Edad Media, Molinaseca perteneció a un Señorío que dependía directamente de la autoridad real Alfonso VI. El primer Señor de la villa fue el conde Ramiro Froilaz, sobrino del Cid Campeador.

De este periodo, el siglo XI, datan sus primeras ermitas y hospitales: Ermita de Ntra. Sra. de las Angustias, de Santa Marina, del Hospital, de San Roque. En 1605, a principios del siglo XVII, existieron minas de hierro en las cercanías de la localidad

MONUMENTOS

-Santuario de Ntra. Sra. de las Angustias. Se levanta a la derecha del Camino de Santiago. Sus orígenes se relacionan seguramente con una pequeña ermita del S. XI. La torre a los pies, su cabecera metida en la montaña, su cúpula transparente y sus pórticos laterales, con arquería de medio punto, pertenecen a finales del S. XVII. En el interior, destacan la cabecera con su gran cúpula y linterna, un majestuoso retablo de la escuela de Churriguera y una Reja -con importantes datos sobre la historia del Santuario- divide en dos el recinto. La imagen Titular es una hermosa talla, influenciada por la escuela de Becerra. En el segundo cuerpo de la torre, descuella la hermosa estatua en piedra de la imagen Titular, vinculada al influjo de la escuela vallisoletana de Gregorio Fernández. En tiempos pasados, sus puertas han tenido que ser protegidas con chapas de hierro, porque devotos y peregrinos se las iban llevando en pequeñas astillas como reliquia.

-Iglesia de San Nicolás de Bari. Espléndida muestra del arte religioso. Pertenece a la segunda mitad del S. XVII. Situado en lo alto, domina la villa, majestuosa y señorialmente. En el exterior, se eleva una elegante torre con un cuerpo de campanas; el reloj, de grandes proporciones, acompasa el diario vivir. En el primer cuerpo de la torre, sobre hornacina, la escultura, en piedra, del Titular con el símbolo de uno de sus milagros. Destacan, por su valor histórico-artístico, la portada principal, las tres naves interiores separadas por pilares de piedra y arcos de medio punto con cúpula, el retablo barroco de dos cuerpos y tres calles con columnas salomónicas ajarronadas, la magnífica talla gótica del Crucificado, la talla de la Inmaculada de ampuloso ropaje, la de S. Juan Bautista, los relieves del Bautismo de Jesús y Presentación en el Templo y la Cajonería del S. XVII con su decoración floral.

-Calle Real. La Calle Real ha ordenado, desde siempre, la vida urbana de la villa y ha sido, y es, el paso tradicional del peregrino. Luce el señorío y la distinción de sus casas de piedra, de sus casonas y palacios. Las casas nobles evocan glorias pasadas: la casona de D. Pelegrín, con torreón en esquina, la casa fuerte de los Balboa, el palacio de los Cangas y Pambley, con bellas fachadas entre dos torres y magníficos escudos, la casona blasonada, solar de la familia de los Valcarce-Ossorio. Calles estrechas y recoletas se abren perpendiculares a la Calle Real. Unas corren hacia el río (Norte), otras, hacia la montaña (Sur). Aquí, se desdobló la Calle Real en otra paralela. Las casas se alinean muy juntas, separadas por estrechos callejones en los que apenas cabe una persona; el espacio lo ocupa totalmente el vuelo de los tejados; no existen en estos casos muros medianiles. Este esquema de calle principal y calles menores (paralelas) con callejones transversales es un paradigma urbanístico del Camino de Santiago.

-Puente de los Peregrinos. El paso del río Miruelo o Meruelo, en Molinaseca, se realizaba por el “Puente Medieval” que da acceso a su Calle Real. El puente, “de bella factura y bonita estampa”, y el único peatonal del Bierzo, identifica a la villa. La fábrica de las tres bóvedas más antiguas -hoy embotadas en el conjunto del puente- sugiere, según algunos autores, un origen romano. Es copiosa la documentación que existe del mismo a partir del siglo XII. Sufrió a lo largo de la historia varias ampliaciones y modificaciones. El orgullo mostrado por los habitantes de la villa ante su “Puente Medieval de Peregrinos” está justificado. Representa, con el de Toral de Merayo, a una de las joyas del patrimonio histórico de la comarca.

El ancho del puente varía de los 2,6 metros en su lado Este, hasta casi los 4 metros en la bajada en la Calle Real. Las luces de sus siete bóvedas de sillería abarcan desde los 4,20 m. a los 8 m. Las tres primeras por la margen derecha pertenecen, quizás, a un puente más antiguo; están semienterradas por lo que sus arcos de medio punto parecen escarzanos. Las otras cuatro, más modernas, son de medio cañón y peraltadas; también hoy, están modificadas

-Puentes del Mal Paso. El río Miruelo ha producido durante el Cuaternario una incisión en “ V “ en su curso sobre un suave paleorrelieve preexistente en las zonas superiores, sin desarrollo de fondo de valle. En sus doce kilómetros de recorrido y en su cabecera, se levantan dos atrevidos puentes sobre los cauces impetuosos de los llamados arroyos Grande y Pequeño. Dichos arroyos se unen más adelante al río Miruelo ( a este río se le conoce frecuentemente por Río Mayor que se forma de los arroyos Grande y Pequeño). Ambos puentes, de un solo arco, quizás de época romana, sirvieron de paso para el transporte de oro desde Las Médulas. Pasando por Voces y Ferradillo, enlazaban después con la “Vía Augusta” que seguía por el puerto de Foncebadón.

Hoy estos puentes, llamados del Malpaso se encuentran semiocultos, casi perdidos, por la dificultad de acceder a ellos. “Puentes de Malpaso, dos puentes de un solo arco, sobre el río, de tiempo de los romanos, que servían de paso para el transporte de oro desde Las Médulas de Carucedo a Roma. El senderismo es el único recurso para poder llegar a ellos. Se encuentran en el centro de un triángulo que forman las poblaciones de Lombillo, Molinaseca y Riego de Ambrós.

 

-Crucero de Santo Cristo. A la salida de la villa, el “Viejo Crucero “ que indica que el camino sigue… Es un bello motivo jacobeo. Ya se menciona en una donación que, en 1.202, hace Doña Igobor al Monasterio de Sobrado. Por ella concede a los monjes numerosas propiedades en Molinaseca. El crucero se levanta sobre una basa o plinto de planta cuadrada y cuatro escalones, de granito basto. Sobre ellos se alza la cruz de piedra. La columna del crucero es octogonal con aristas. Al crucero se le ha añadido un Cristo Crucificado, un tanto teatral, enmarcado en una vitrina-relicario que lo cobija. Aunque el actual crucero no parece medieval, sí ocupa el mismo lugar que tuvo otro anterior. Hoy, el Crucero del Santo Cristo es un testigo más del viejo camino compostelano, que nos sigue marcando el pasado y el presente de la ruta.